Apocalipsis. 3:1617

"Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca."

Lo cultural/ideológico en manos explotadoras: manipula, mediatiza, limita y oprime hasta la total dominación.

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sábado, 16 de julio de 2011

16 de julio 2011: El saco de visón de mi tía Consuelo – Newsletter #535

Editorial Monografias.com
por Mora Torres
Publicado el 14 de Julio de 2011 por Mora Torres
Una fotografía del presente se deslizó hacia ayer (Inmigración: fotografías) y mis ojos de cuando era niña sorprendieron esa imagen de mí (El sí de las niñas): cómo envidio a esta hada madrina (Mal de ojo), a esta hada vieja (Psiquismo y elementales) fumando junto al fuego una mañana de frío.
Es julio, estoy un poco resfriada y tengo mi chimenea (Efectos de la gripe humana AH1N1); mis lápices están ordenados por color sobre la mesa, en cuanto lo deseo, escribo o canto, ya con tinta vacilante, ya con voz oxidada, y estoy completamente sola en ese viento de alegría (Canto a la vida).
El sacón de mi tía
“No venderé este saco de visón, heredado, porque trae, junto con su hermosura, escenas felices de cuando su dueña paseaba por las calles preocupada tan solo por el brillo del sol”, pensé (La mujer vestida de sol).
En la trama donde se incrustaba cada hilo podía sorprenderse la antigua alegría de mi tía, la dueña del visón, eran espejos móviles que la mostraban, había quedado su sonrisa, su andar movía el resplandor y ella caminaba a mi lado otra vez.
Vi el árbol que ella me mostró, circundado por flores, vi las violetas que prefería, y el perfume fresco de su blusa inundó la pieza, estábamos ella y yo, como dije, otra vez en el mundo y el mundo era aquel de cuando yo era niña y se movía como la rueda del mundo sobre los jardines.
“Allá está la hamaca y la abeja que revoloteaba por tu casa”, exclamé “allá está el día en que me leíste una Florecilla de San Francisco que dio contra mi corazón con fuerza, y que todavía conservo y allá tengo cinco años y te pregunto qué siente Dios cuando en misa le ofrecen incienso, incienso, nombre que me cuesta repetir”, le dije mientras hacían girar la rueda.
Poco después de esta aparición yo repetía aquello: “no venderé mi saco de visón heredado de mi tía”. Pero los días son caníbales (El canibalismo: ¿Necesidad, crimen o cultura?), y el corazón infiel, y el vehículo del corazón que giraba y giraba fue a caer a una feria americana, donde miraron las huellas del brillo de mi tía con ojos codiciosos y ofrecieron cuatrocientos pesos por un resplandor de incienso y mirra.
Envío
Más que envío, esto es un aparte, como los personajes de los teatros antiguos se retiran y como si ninguno de los demás personajes de la obra los oyera hablan con el público, y digo esto:
Además de la nostalgia, además del recuerdo de mi tía, ¡qué frío, qué bien me vendría aquí entre las sierras el saco de visón! Pero… también lo vendí porque me partía el alma cierta conciencia ecologista…

viernes, 1 de julio de 2011

1° de julio 2011: ¡Chávez, vente a casa ya! Venezuela

Fiera del mio sognare

Uno se angustia cuando llueve a cántaros y piensa en la cunita sin moquitos, arrastrada por el agua y el lodo, con rancho, camas, cocinita y todo…y a lo mejor una destartalada mecedora ahogada en un vengativo y alevoso deslave. Quien me va a negar dos lágrimas, que son mías, que brotan solas de mis ojos y me recuerdan que llevo sal y agua en el cuerpo, la única propiedad que realmente poseo…y que es temporal, pues al fin y al cabo solo es un organismo viviente y prestado durante el lapso de vida que me corresponda vivir. Quien me va a impedir que admita que dejé -involuntariamente voluntaria(traducido de: “El Chavo del 8″, Obras Completas)- correr esas dos lágrimas por un ser humano querido y valiente que supo afrontar como siempre el deber de informar personalmente que fue operado a causa de un cáncer incipiente, pero eso sí, una de las dos lágrimas -no sé cual, ni me importa- es por la alegría de saberlo valiente, como el mayor de los hermanos americanos y caribeños: Fidel. Toda esta lavativa es como el vivir alquilado, uno sabe que la casa no es de un@ y lleva perennemente a cuestas un espejito que refleja la espada de Damocles sobre sí, hasta que llega un inmisericorde tribunal movido por quien sabe cuales hilos para anunciarnos un desalojo inmediato o a breve plazo (todo plazo es breve cuando nos aferramos a las cosas que nos arrebatan). Debo finalizar diciendo que nuestro Comandante Chávez se enraizó tan profundo en nuestros corazones que el pensar en la posibilidad de perderlo es como pensar en esa posibilidad con respecto a cualquiera de nuestr@s otr@s seres amad@s. El Presidente Lugo y la Presidenta Dilma, como el Presidente Chávez, también conocen de todo esto de confrontar al Dios Tiempo con sabiduría y capacidad de lucha más que suficiente para ser capaces de increparlo aun sabiéndose inexorablemente mortales. Nuestro Comandante sabe que la HISTORIA, hermana del tiempo, acompañada de su/nuestro PUEBLO le esperamos ansiosos. Aunque nos atragantemos un poco al tratar de gritarlo, digámosle: ¡¡¡Chávez, vente a casa ya!!!
 LO CULTURAL/IDEOLOGICO EN MANOS EXPLOTADORAS: DISTORSIONA, MEDIATIZA, LIMITA Y OPRIME HASTA LA TOTAL DOMINACIÓN

sábado, 18 de diciembre de 2010

18 de diciembre : Nace José Rafael Pocaterra en Valencia.Venezuela

El 18 de diciembre de 1889 nace en Valencia José Rafael Pocaterra, uno de los más grandes cuentistas venezolanos. No sólo se destacó como escritor, sino que también incursionó en la política, en la diplomacia, en el periodismo y la educación.
Hizo fuerte oposición a la dictadura de Juan Vicente Gómez, actitud valiente que lo llevó a prisión desde 1919 hasta 1922; se exilió en Canadá, donde fue profesor de literatura en la Universidad de Montreal. Tras la muerte de Gómez, se incorporó a la política, ocupando importantes cargos gubernamentales.
Fue Presidente de la Cámara de diputados y del Senado, Ministro de Trabajo y de Comunicaciones y Gobernador del Estado Carabobo. Como escritor, introdujo el realismo social en la novelística venezolana. Fue autor de novelas como: La casa de los Abila, Tierra del sol amada y Memorias de un venezolano de la decadencia.
vía ENcontrARTE – Efemérides – 18 de diciembre : Nace José Rafael Pocaterra.

martes, 14 de diciembre de 2010

LA BELLA Y ARROGANTE MARIA...FELIX

Autor: Armando Monasterios.
En la colección permanente de obras de la Galería de Arte Nacional de Venezuela, hay una foto muy buena de María Félix, la gran diva del cine mexicano; la actriz está montada sobre un caballo con la pose y el estilo que la acompañarían el resto de su vida; es la época de Doña Barbara y se ve imponente, dominando el Llano, tan bella y tan mandona. Del personaje de Rómulo Gallegos tomará el estilo, el porte, los ademanes de bruja y la fama de devoradora de hombres. En sus cincuenta años artísticos ( 1992 ) es homenajeada a lo grande en la cinemateca de México; reponen muchas de sus películas y presentan un libro con maravillosas fotos de la actriz.

En el año 1996 el director de cine André Techiné anuncia que dirigirá a María en una nueva película que significaría el regreso al cine de la estrella. Una película sobre su vida en París, sus muchos caballos, sus lujos, la reina de los hipódromos y su vida europea, claro está, como una reina, como debe ser y no como una india que era lo que temía le iban a dar como rol si se marchaba a Hollywood.
Luego sale definitiva, rotunda y niega todo eso de la película y que nunca más regresaría al cine, que eso se acabó. En una de sus últimas entrevistas dice que ha bajado a los infiernos y ha conversado con el Diablo, que ya no le tiene miedo a nada . Pero claro, entre diablos no se pueden pisar la cola o ¿ Acaso ella no fue Doña Diabla? Y es que María siempre fue genio y figura hasta la sepultura; O tal vez no, no hasta la sepultura; es curioso que despues de ser la mujer más bella del planeta fuera velada en capilla ardiente con el ataúd sellado; en compensación para sus seguidores había en la pared del fondo una gigantografía con su bello y juvenil rostro de los comienzos. A María le gustaba darselas de bruja, como en aquella ocasión que se presentó con un extraño collar que se movía y se movía porque adentro llevaba una tarántula. Algo cambió el rostro de María, el lógico paso de los años no lo hizo más amable sino más duro. Pero te seguimos recordando en aquellos soberbios primeros planos, en aquella magnífica canción de Agustín Lara y celebrando tus salidas y tu arrogancia, simplemente porque te amamos.

Autor: Armando Monasterios.

viernes, 3 de diciembre de 2010

En nuestra Patria Venezuela llueve y se riega a esperanza...

Una sola mirada al horizonte y uno comprueba como La Patria duele…pero el dolor se hace ESPERANZA: MUJER/MADRE DE LOS LOGROS POR VENIR, vislumbrados en acciones acertadas de Pueblo/Lider/gobierno/partido, con la constante -por supuesto- de los acechos de siempre en obstáculos como errores, burocratismo, sabotaje, aprovechamiento, traición, ladrones y hasta adecopeyanos, etc. Aún con todo esto último AVANZAREMOS HASTA SIEMPRE!…las familias se reunirán en, cada vez, mejores/dignas condiciones, y entonces La Patria, como muchacha henchida de orgullo femenino resaltará su eterna bonitura. Bolívar, también esperanzado, como faro desde La Luz, nos deberá observar mientras Manuela le dice: ¿Viste, como no araste en el mar?

martes, 26 de octubre de 2010

Niña Afgana

Niña Afgana


No quiero pensar que la muchacha de la foto es “ELLA”, pues me acerca a la guerra y oigo las bombas sin sonar de sirenas, los llantos, los gemidos, y temo. Es terrible tocar fondo a través de un texto y una foto. Cierto: “escribir duele”, reza el encabezado de “Ediciones YO, Yaracuy oculto”, las palabras mencionadas se las escuché por una sola vez a Argenis Rodríguez en un local de la Asociación de Escritores en la Avenida Lecuna de Caracas. Han pasado muchas…      También lo copio y pego en el blog taimaboffil.wordpress.com, 
dedicado a la mujer y l@s niñ@s.

Extraido de Ediciones YO, Yaracuy Oculto.
Vanessa Chapman (Caracas). Licenciada en Letras (UCAB, 2001), ha trabajado en proyectos de investigación y creación para la Fundación Edumedia, y actualmente labora como correctora especialista de la Editorial El perro y la rana. Obtuvo en poesía la mención Publicación del XIV Certamen Internacional de Poesía y Narrativa Breve, de la Editorial Nuevo Ser (Argentina, 2006). Paralelamente, ha realizado estudios de música y cine, desarrollando distintas actividades en dichas áreas.

Steve repetía su nombre una y otra vez: “Sharbat, Sharbat”, y sonreía complacido. Estaba seguro de que ella era a quien había estado buscando por más de 17 años. Le hablaba con ayuda de un traductor, mientras la veía terminar de hacer la comida de sus tres pequeñas hijas, en la calurosa habitación de su casita de piedra en medio de la nada, bajo el inclemente sol de Afganistán. Steve hubiera podido estar ahí sentado en el suelo de la rústica vivienda por horas, capturando cada una de sus escasas palabras y mirando aquellos recordados ojos. Tan grande era su entusiasmo.

Ella también sentía lo mismo, pero no era recatado de una mujer casada hablar alegremente con un hombre, aun cuando su esposo estaba presente y había autorizado la conversación. (Su esposa parecía ser alguien importante, al menos para estos hombres occidentales que habían atravesado el mundo para hablar con ella. Pero, en realidad, él no sabía cómo su mujer y Steve se habían conocido).

Desde el día en que Sharbat había llegado al campamento, se levantaba muy temprano a traer el agua del pozo para luego ayudar a preparar los alimentos. Por aquel entonces tenía unos 12 años y esa era su rutina de todas las mañanas, sólo que ahora estaban muy lejos de su casa y su remota aldea en Afganistán. Atrás había dejado la vida de sus padres, sus cabras y cuanto conocía. La guerra, como un huracán, la empujó hasta ahí, pero no era un lugar desagradable. Les daban ropa y una porción de granos y harina todas las mañanas, y podía salir a jugar con los demás niños durante el día.

A pesar de no ser nuevos, A Sharbat le encantaban los colores vibrantes de su camisón verde y su pañoleta roja. Lamentablemente, no podía mantenerlos libres del polvo que azotaba el campamento. Como el sol, también el viento era inclemente con las personas y en nada les ayudaba a combatir el calor. Sharbat siempre había manifestado el desagrado de tener el pelo enmarañado por la brisa seca y de sentir el polvo colándose por entre la ropa, causando escozor en su cuerpo. Por eso, luchaba por mantener sus cabellos sujetos con la pañoleta, además de sacudirse de vez en cuando la tierra que se acumulaba en su regazo mientras jugaba sentada junto a una tienda.

De repente, se produjo mucha agitación en las cercanías. Los adultos hablaban entre sí y entraban y salían de las tiendas. Los niños, curiosos, corrían a averiguar qué estaba pasando pero los espantaban como a las aves cuando les arrojan una piedra ―pero que, como ellas, regresaban pasado el peligro.

Sharbat también quería saber el motivo de tanto movimiento y caminó entre las tiendas hasta ver un grupo de personas descargando aparatos de un camión. No los conocía, y no parecían traer alimentos. Entonces, ¿a qué venían? Con pasos precavidos pasó junto a uno de los hombres, quien sin embargo la notó y se quedó maravillado. Empezó a hablar en otro idioma a sus compañeros, y señalaba su cara como si nunca hubiera visto una. Era Steve, un fotógrafo enviado por National Geographic a buscar imágenes del drama social que vivían los desplazados por el conflicto soviético en Afganistán. El trabajo del fotógrafo era muy claro. Sin embargo, el bello rostro de aquella niña cambió sus planes por completo; un hermoso decorado con unos indescriptibles ojos verdes como el mar imaginario que le faltaba a su país, profundo como el sufrimiento que habrían padecido ella y su pueblo, inmaculados como la belleza misma de la juventud.

Sharbat empezó a sospechar que este hombre se quería casar con ella. Steve habló con los adultos del campamento y estos la invitaron a entrar en una de las tiendas donde instalaban los aparatos descargados del camión. Una joven mujer occidental, vestida con blue jeans ―para asombro de Sharbat― y franela blanca la llamó y le hizo tomar asiento. A su alrededor colocaban lámparas, desplegaban pantallas y otros curiosos implementos generando un ruido parecido al de moscas atrapadas en un frasco. La mujer le quitó la pañoleta y empezó a peinar sus rebeldes cabellos. Sharbat se sintió algo avergonzada de su aspecto, e inconscientemente contribuyó en su arreglo sacudiéndose una vez más el polvo de la ropa y secándose el sudor del cuello con las mangas del camisón.

En un momento, todos en la tienda dejaron de moverse y reinó el silencio. La mujer de blue jeans volvió a colocar el velo de Sharbat en su sitio y le dijo algo que ella no comprendió. Luego se alejó y ella quiso seguirla, pero los brazos de la mujer haciendo un gesto de detenerse se lo impidieron.

Steve, al otro extremo de la tienda, sostenía un extraño artefacto delante de su rostro. Sharbat no había notado que se dirigía a ella hasta que alguien le pidió, en su idioma, voltear hacia él. Estaba segura: ¡la iban a casar con ese señor! La volverían a llevar lejos, y ya no podría jugar con sus nuevos amigos, y quién sabe dónde estaría su nuevo hogar. El momento no se podía evitar: volteó entonces, envuelta en todos estos pensamientos, hacia él. El aparato que Steve sostenía sonó como si algo se le hubiera roto adentro, ¡y eso fue todo! Le dijeron que podía irse, y ella partió muy contenta de no haber sido entregada a nadie y de poder volver a sus juegos.

Sharbat no supo ese día que le habían tomado una foto. Steve la buscaba desde entonces, pues, según le contó, muchísima gente estaba impresionada por sus ojos y querían saber más sobre ella. (Todo el asunto era sorprendente para el marido de Sharbat, a quien los ojos de su mujer le parecían tan comunes como cualquier otro par de ojos en una cara). En el fondo, Sharbat tampoco entendía por qué se interesaban tanto en ella y después de tantos años, pero en el fondo se sentía complacida de ser el centro de interés de alguien más allá de su familia, y se afanaba en terminar sus quehaceres para permitir que Steve la fotografiara una vez más



viernes, 28 de agosto de 2009

Fotografías en blanco y negro

Publicado: 12 de agosto, 2009. Autora: Mora Torres
El siglo XIX me da melancolía y, a veces, un poco de terror metafísico -léase, miedo a los fantasmas (El fantasma victoriano). El XX , vértigo (El siglo XX y la producción armamentista mundial); del XXI todavía no puedo hablar y no sé si podré comprender alguna vez lo que me pasa con él: mis pasos se traban transcurriéndolo, como si tuviera puestos los zapatos al revés -el pie izquierdo en el zapato para el derecho y viceversa; explico para que no vayan a creer que pienso en zapatos pervertidos, como los del Marqués de Sade, o en las botas de siete leguas, no. El siglo XXI se camina con zapatos modernos, o posmodernos, cuyo diseño aún no aprendí (La Escuela del siglo XXI).
Si pudiera mirar a la Historia desde arriba, como un gran panel de gente que viene y va, imagino que en el siglo veinte esa gente de caminar pausado de pronto empieza a correr (Historia y anti historia). Veo en este sitio -o siglo- caras de todo tipo, rodeadas de objetos y de símbolos: la de Einstein y una pizarra con signos (El acertijo de Einstein); la de Freud y una lámpara art deco junto a un diván (Freud: Un Hombre para todas las épocas) por supuesto; veo a Anais Nin bajando apresurada la escalera de una casa en París -la casa de Henry Miller, digamos- para correr hacia el Sena, donde vive en un bote estacionado… (Anais Nin).
En el siglo veinte, sobre todo para cuando me vuelvo una niña que sueña, están Charlot y su galera (El cine), y de su galera sale un aire triste y, sin embargo, con gusto a chocolate (“Chocolate”, una visión antropológica del film).
El XX tuvo su infamia, la de otros siglos mutiplicada muchas veces: dos guerras inexpresablemente crueles y otras que también se llevaron a tanta gente que es inútil contar a los que nos arrebataron antes de tiempo (Tenebrosa IIª Guerra Mundial).
Dicen que fue al terminar la primera Gran Guerra que nuestra mirada sobre la muerte cambió, se hizo menos simple y terminó la muerte siendo todo un problema mucho más grande que para los antiguos -la mirada humana sobre la muerte (La muerte en la historia).
El siglo veinte tuvo a gente como la que nombré anteriormente, y a Mahatma Gandhi y a otras figuras que desde su más profundo desamparo transformaron la vida para siempre.
Gracias les doy además a quienes hicieron el placer de esos días; para nombrar alguno: las películas mudas. Y a quienes las conservaron con su lujo de imágenes. ¿Por qué es tan atractiva la fotografía en blanco y negro, por qué estas postales tienen como un bruñido noble, en blanco, en gris, en zepia, que no se encuentra hoy, o acaso no se quiere encontrar?
Retratos escondidos
Es gracioso; todo lo anterior vino de que estuve repasando mi vida, y de paso repasé los siglos que la rodearon. Me senté en un sillón de hamaca con una caja de viejas fotografías, y fui extrayendo algunas de mis viejos amigos, vean:
María del Pilar (Pili) -y este retrato lo saqué yo misma en una quinta, en un lugar llamado Sauce Viejo-está con una gorra de marinero y tiene aquí menos de dos décadas. Ella apareció para mí en el segundo año de la escuela primaria, y tenía una voz tan dulce y un rostro tan armonioso que me dije que iba a ser mi amiga, y le escribí con letras aniñadas un verso: “Es su voz la más dulce, más tierna y más pura de cuantas oí…”. La maestra le daba la mano cuando salíamos en fila, porque al ser Pili la más pequeña, encabezaba la hilera de alumnos. Yo quería “ser ella” con toda mi alma; ahora sólo quiero que siga siendo mi-gran-amiga-que-viene- del-país-de-la-infancia, y que creció conmigo.
Laura: era un alma intrépida, y era ella quien me escribía poemas. La conocí al empezar la secundaria, y desapareció de mi vida y de la vida en general cuando era muy joven, a manos de una agrupación política tenebrosa llamada Triple A, que la asesinó sin mayor trámite, como a tantos.
Ahora de la caja de fotos surge Nydia, a quien conocí primero como “La mujer del escritor Hugo Mandón”. Veo el rostro de Nidieska de cuando tenía cuarenta años y me daba calor maternal -ahora tiene ochenta y no ha variado mucho- y me digo que pocas veces un espíritu tan delicado hizo de tal modo honor a una fragilidad física etérea de grado superior… Y a continuación la estampa de José Luis, El Flaco, que era mi amigo de los cuentos y con el tiempo se pareció cada vez más a sus personajes: en estos días tiene barba y pelo blanquísimos que destacan sus ojos pálidos sobre su cara de poeta; no sé si seguirá con sus humores metafísicos y sus bromas esbeltas.
Enrique… ¿Qué puedo decir de él que no haya ya escrito en todos los cuadernos? Y también en estas mismas entradas. Mi gran escritor… y mi amigo al que todavía tengo ganas de tomarle la mano y que juguemos. En esta foto aparece rodeado de gente, y le brillan los ojos detrás de sus cristales miopes, y sonríe con su sonrisa sin igual.
En el retrato Ernesto está tal como era y, en parte, sigue siendo. Supe estar enamorada de él, pero es verdad que era casi azul, de tan hermoso, era Omar Shariff con un libro de poemas bajo el brazo, leyéndolos con una voz de galán de culebrón, como ahora mismo. Pero ahora los escribe con pluma absolutamente fina.
Acá está Silvia, la niña loca, la madre seductora, a la que conocí como vecina y fue luego parte de mis entrañas. Y Elsa, una “alemana” de corazón y mente límpidos, vociferadora, peleadora, feliz, bebedora de grandes vasos de cerveza en las festividades, sibarita que elige con cuidado su comida para el festín, amante del teatro, la arquitectura y los versos de Orozco.
El sillón dejó de hamacarse, tapé la caja de fotografías, ¿para qué revolver más aún? Ando por estos días como si buscara un espejo que no refleje mi rostro sino mi recuerdo.
Ah, amigos, gracias por los saludos, por los versos, por la locura que me atrapó en mi cumpleaños… Gracias a los escritores de una gran novela infinita. Y todos mis besos, como siempre

LIVIA GOUVERNEUR, MUJER!!! PRESENTE!!!

LOS ULTIMOS MOMENTOS DE LIVIA GOUVERNEUR.

pcvcarabobo.blogspot.com/.../siempre-livia-los-47-anos-de-su.html -

Siempre Livia a los 47 años de su asesinato...
El primero de noviembre de 1961, día cristiano de todos los santos, en horas de la noche, cae en combate la estudiante universitaria y militante del Partido Comunista de Venezuela (PCV) Livia Gouverneur, en una operación de hostigamiento contra cubanos bastisteros que se hospedaban en la quinta "La Hogareña", en la Av. Principal de Las Acacias, en El Recreo, Caracas.
Siempre Livia a los 47 años de su asesinato.
Esta muerte es la primera que registra la Juventud Comunista de la época que venía preparándose militarmente para enfrentar el gobierno adeco de Rómulo Betancourt.
A continuación presentamos fragmentos de un libro que saldrá pronto llamado "La Noche de todos los Santos" que presenta entrevistas a dos de los sobrevivientes de esos sucesos y el documento incautado al embajador gringo Teodoro Moscoso, leído por el Che en Punta del Este. La mayoría de los diálogos de que presentamos – remozados por el autor- son recogidos de testimonio de quienes vivieron y militaron al lado de ella.
A 47 años de esta inmolación rendimos tributo a su leyenda, a su mística militante para que sea ejemplo para la juventud venezolana.
Andrés Eloy Milano, "Carlín"
aemilano3817@yahoo.com
"Las últimas horas de Livia".
Una pertinaz lluvia cae sobre Caracas. La tormenta azota fuerte la parte norte de la ciudad, este año el "Cordonazo" no anuncia el fin de las lluvias que se prolongan hasta finales de mes. El torrente de agua baja de La Pastora hacia el centro produciendo efectos por las represas que hacen los niños con piedras y cajas. Muchos de ellos fabrican barcos de papel, otros con su ingenio lo hacen de madera. Una pequeña tabla, unos cuatro clavos y pabilo alrededor simulan naves que bajan a gran velocidad y se pierden bajo los carros o chocan contra las aceras.
Escampa. Livia se asoma al portón de la casa y grita: "Bueno muchachos, vamos a ver quién llega primero a la pared de arriba" y señala al norte, en subida, en la pared del seminario. Cronómetro en mano grita: "Ya…".
Livia Margarita Gouverneur Camero había nacido en San Agustín, caraqueñísima parroquia, en su parte norte, un 15 de julio de 1941. "Muy cerca del antiguo cine Junín", dicen los que la recuerdan. Y agregan, "en lo que hoy en día es una residencia con el mismo nombre, en la avenida Lecuna antes de llegar a Parque Central".
– Livia por favor, sale doña Lola, madre de Livia, al medio de la calle, ayúdame con los niños que se van a enfermar, grita con cierto acento llanero.
– Ah, caraj… Livia jugando con los muchachos, de cuando acá, piensa para sus adentros.
– Mamá, recordé que debo ir a la universidad, a seguir con el trabajo de campo…se me hace tarde, responde dando la vuelta violentamente y caminando muy rápido.
Con un gesto se despide de los muchachos, hermanos y vecinos. Entra velozmente al cuarto carga con una muda de ropa y sus enseres personales. La madre la mira, se le acerca y la abraza, al tiempo que le susurra al oído: "cuídate mija, la cosa no está muy buena para que andes por 'ai'."
– Despreocúpate, vieja que yo me sé cuidar, responde Livia mirándola fijamente a la cara.
– Claro que tengo que preocuparme, las garantías están suspendidas y hay muchos tiros de noche, carros fantasmas disparando y muchos muertos, dice doña Lola con énfasis. Y agrega: "los adecos no andan con vainas, fíjate lo que dice el periódico de las bandas que con cabillas y pistolas entran y acaban con reuniones..."
– Ujú, ya vas a empezar, ataja Livia, no te extrañe que un día de estos me traigan muerta –, suelta Livia sorprendiendo a su mamá.
– Muchacha del cipote, no digas tanto disparate, exclama doña Lola mientras se persigna y agrega: "que tanta vaina tenemos con que seas comunista. Mira que Betancourt dijo que hay que disparar primero y después que averigüen… lo que estás buscando es que no te deje ir".
– Me escapo…Además yo muero defendiendo una causa…
– ¿Qué causa del carajo?
-Olvídalo. Es echando vaina, no me creas…de todas maneras, no te preocupes que yo sé lo que hago. Y agrega: "Salgo para Yaracuy y regreso en unos días, allá todo es más tranquilo".
Se agacha y escoge unas zapatillas de goma. De repente, saliendo de la sala y entrando al cuarto aparece Oneida, con tan sólo 14 años de edad y grita.
– Esos no te lo llevas, esos son míos, increpa Oneida desde lo lejos.
– Coño cuando me muera te vas a quedar con todo lo mío… No seas mezquina, insiste Livia.
– Livia que dejes la vaina esa de jugar con la muerte, grita doña Lola.
Desde el fondo de la casa se oye una voz gruesa que sobresale sobre la de los niños y la de doña Lola: "Bueno ya, que tanta gritería es esa", es don César Humberto, padre, llanero guariqueño, comerciante en ascenso, conocido como el "Mantequero" quien acomoda las latas de "Los Tres Cochinitos" que trajo de puente Restaurador para distribuir y vender.
–Te agradezco Livia que pases más tiempo en la casa para que ayudes a tu mamá que no se encuentra muy bien que digamos. Y remata: "Y me haces el favor de dejar la fumadera que dejas el cuarto prendío…y cuídate que hay muchos tiros en la universidad".
Como a casi todos los muchachos de la época, a Livia se le conocía por dos cosas: una extraordinaria lectora, como buena militante comunista y porque fumaba mucho a escondidas de sus padres. Con una voz ronca y un rostro bizarro, como la recuerda Pancho Toro, su voz de mando producía respeto. En Cerro Azul, en las montañas del pueblo de Carabobo, Estado Yaracuy, recibía instrucciones militares desde mediados de 1960, para luego impartirlas a los campesinos que brincaban de susto cuando Livia hacía estallar un niple o una granada con pericia. Muchos lugareños la veían con extrañeza por su destreza en el manejo de motos. "¿Mujé'… manejando motos…abra se visto?".
Hasta ese día, en cifras redondas, la suspensión de las garantías constitucionales de parte del Presidente Betancourt había dejado en 1961, un saldo de unos 90 muertos, 970 heridos y 1630 presos políticos, cifras oficiales que por lo general eran manipuladas y reducidas a su mínima expresión.
Livia era hija de los guariqueños César Humberto Gouverneur Camero, fallecido a los 65 años en 1978; y Lola Camero de Gouverneur, ambos primos hermanos, fallecida el 1ro. de octubre de 1962, exactamente a los once meses del asesinato de Livia. Hija mayor de la pareja Gouverneur-Camero, ella tenía otros 10 hermanos: Tibisay Gouverneur de Reyes, César Enrique, Roraima (fallecida), Oneida (fallecida), Maigualida, Juan Carlos, Gustavo, Leonardo (fallecido), Irene (fallecida) y Dolores.
Desde niña Livia participa en muchas actividades artísticas, a las cuales era muy inclinada. En teatro, por ejemplo, se destaca con el personaje "Doña Inés" de "Don Juan Tenorio". Y, según reseña el diario Últimas Noticias de 1959 ([1]), Livia pertenecía a un grupo de teatro que dirigía Hugo José Balzán. La noche del 6 de agosto de 1959 formó parte del elenco que interpretó "El Paraíso de los Imprudentes", del salvadoreño Walter Beneke. "La obra se desarrolla en ese pequeño mundo existencialista de Paris y en ella se destacan dos ideas, las dos posiciones filosóficas tradicionales: el joven Juan representa el comunismo, las ideas marxistas, mientras que Carlos, representado por José Balzán, es un joven estudiante de nacionalidad norteamericana que defiende los principios católicos (…) Livia Gouverneur hace el papel de Cristina, la libertina adolescente". También participa como actriz en el grupo "Máscara", fundado en 1950 por César Rengifo donde trabaja, entre otros, con Oswaldo Orsini, asesinado en las montañas de Cerro Azul, Yaracuy, a los 22 años de edad, en los días que asesinan a Mario Petit en 1962. También Neri Carrillo, dirigente revolucionario, Comandante del FLN-FALN y fundador del Sindicato de Artistas de la Radio y la Televisión, participa en el grupo. Recibe clases allí de Natalia Silva.
El 16 de septiembre de 1959 ingresa a la UCV a la novísima Escuela de Psicología, fundada en 1956, entre otros, por el español Guillermo Pérez Enciso, su primer director y cuya primera legión de graduados sería en 1960. Mandaba la Junta de Gobierno presidida por Wolfgang Larrazábal - que al decir de Kléber Ramírez, "en esos días no había partido de gobierno y tampoco de oposición".

La Brigada "21 de Noviembre"
Maltrecho políticamente el gobierno al salirse Jóvito del Pacto de Punto Fijo, Betancourt rompe relaciones con Cuba - que se hace efectivo el 28 de noviembre de 1961-. Éste sigue abriendo puertas al exilio de ciudadanos cubanos, entre estos "gusanos": ex-policías y torturadores batisteros que irían a engrosar las filas de la temible Dirección General de Policía (Digepol).
Estos últimos se dedican, una vez establecidos en varios sitios de la ciudad capital, a apedrear, tirotear y dañar ventanas del Consulado cubano en la Av. Andrés Bello, en el edificio del antiguo Colegio Venezolano de Periodistas (CVP), junto a la ultraderecha venezolana y amparados por el gobierno, ahora de la "guanábana" de adecos y copeyanos.
– Camaradas, revisaron el sitio, habla con voz de mando Héctor Rodríguez Armas, "Car'e loco", jefe militar de la Brigada "21 de noviembre" de la Facultad de Ingeniería de la UCV del PCV, dirigiéndose a los combatientes de la Unidad Táctica de Combate (UTC), Alejandro Tejero, Antonio Acosta "Rasputín" y Francisco "Pancho" Toro.
Estos jóvenes de la Juventud Comunista del PCV se habían dado cita en el cafetín de Economía, para más tarde, reunirse en un antiguo laboratorio de Física de la Facultad de Ciencias que estaba en desuso que les servía de lugar de encuentro, depósito de propagandas y planificación de tareas. También usaban un cubículo "invadido" en la Biblioteca Central. Por doquier se veían latas de pintura, el famoso Gallo Rojo, emblema del PCV, colgaba en un lateral y tirados en el piso rumas de periódicos viejos de "Tribuna Popular".
– Sí. Pasamos por la quinta anoche y sólo vimos a tres municipales custodiando. Y ya conseguimos que Livia nos acompañe para que neutralice a esa gente –, responde "Rasputín". Y agrega:
– Lo correcto es que Livia entre primero y desarme a los policías. Claro que la seguiré de cerca para dar tiempo que estalle el explosivo en el "Opelcito".
Se refería a un viejo carro Opel "expropiado", según la jerga de la época, de fabricación alemana, del año 1956, que la brigada tenía escondido por los lados de Ciencia. Además del Ford Mercury que apenas tenía dos días de robado.
No eran advenedizos. Tenían casi dos años haciendo cursos militares por los lados de Montalbán, Estado Carabobo, en una hacienda propiedad de un familiar de uno de los miembros de la brigada. Además de cierta experiencia en operaciones de cierta envergadura. Héctor "Car'e loco", por haber estudiado en la Escuela Militar hasta llegar a ser brigadier, con experiencia en el combate callejero desde el 23 de enero de 1958, era uno los instructores. Por otro lado, Livia que pertenecía a Humanidades hacía sus cursos en Cerro Azul, en Carabobo, pueblo del Estado Yaracuy, con experiencia en explosivos.
– Por cierto ahí viene Livia, señala Pancho.
– Disculpen la tardanza, coño la familia me retuvo –, dice Livia con su voz fuerte, ronca y no dejando el cigarro para nada. Saluda a todos y la ponen al tanto de lo conversado.
– ¿Preparaste el petardo?, pregunta "Car'e loco", bajando el tono de voz.
– Sí, claro. Lo tengo en el bolso, responde rápido Livia.
– Esperemos la hora y mientras tanto, me disculpan que tengo que hacer otras vainas. A las cinco nos vemos para salir, dice "Car'e loco". Los otros se quedan conversando de política.
– Con la salida de URD y de Jóvito del gobierno, este gobiernito se cae, Caraquita Urbina me dijo que "amarraremos los caballos" en las rejas de Miraflores dentro de pocos meses, comenta Pancho.
– Coño, sólo falta que los militares se pronuncien. Están a tirito… que arrechera me dan los camaradas de la dirección, dice Livia saltando de su asiento. Ya se cumplió un año de la plomazón que tuvimos aquí en la universidad contra el batallón Bolívar, y los grandes carajos no aceptaron el apoyo de varios oficiales que estaban en contra de esa intervención.
Se refería Livia a la puesta en práctica por parte de Betancourt y el Alto Mando Militar del Plan Macagua, destinado a sofocar y aplastar la rebelión en Caracas. Ocho batallones de soldados y policías, se congregaron en sus cuarteles prestos a cumplir órdenes. Sin embargo, más de la mitad de los oficiales, entre estos, los que se alzarían en Carúpano y Puerto Cabello, se dirigieron a la jefatura del PCV y MIR y estos respondieron que "era necesario defender la institucionalidad democrática pues Betancourt había sido electo democráticamente. Los oficiales, entre el desconcierto y la desazón, salieron a ponerse al frente de sus batallones para cumplir, sin el menor deseo, las órdenes de Betancourt y el Ministerio de la Defensa." ([2])
– Del carajo la lectura que hizo el Che en Punta del Este de los papeles que le cojimos al bolsa de Moscoso de su lujoso maletín, habla rápido Livia, tal como era ella, hiperactiva y mordaz para buscar conversación en el grupo. Y agregaba: "Tengo copia del discurso, un camarada lo trajo del Uruguay"…
Quinta "La Hogareña""
Como estrategia de solidaridad con Cuba el PCV y MIR comienzan una campaña de hostigamiento contra los cubanos batisteros que en decenas se hospedaban en pensiones como la quinta "Maicara" e "Hilda", en Sabana Grande; la "Hogareña" en la Av. Principal de Las Acacias; la "Antillana", en el Paraíso; "Magda" y "13" en San Bernandino y la "Chateaud Madrid", de Peligro a Pele el Ojo, en La Candelaria.
Una Unidad Táctica de Combate (UTC) de la Brigada "21 de noviembre" tenía instrucciones de ir a la "Hogareña". Cuando se acercaba la hora y ya los muchachos estaban suficientemente relajados, Héctor Rodríguez Arma, "Car'e loco", los alienta.
– Camaradas, el triunfo de la revolución venezolana pasa por defender la revolución cubana que es una esperanza de los parías del continente y la clase obrera. Hoy debemos, por instrucciones de la dirección del partido, hostigar hasta más no poder a esos mal paridos batisteros que huyen de la justicia revolucionaria de Fidel. El cabrón de Betancourt, como todos saben, les da hospedaje por órdenes de Kennedy y la CIA, y los pone al servicio de la Digepol, para perseguirnos y torturarnos hasta la muerte. Recuerden – agrega el jefe militar de la brigada – que no somos asesinos y que allí hay mujeres y niños. Nuestra tarea es cagarlos pa' que se vayan pa'l coño…cuídense carajo, remata el Comandante, al tiempo que los abraza a uno a uno.
– "Rasputín" y Livia se van en el Opel, ordena con buen tono "Car'e loco", Alejandro conmigo. Ya Pancho se fue para esperarnos en el sitio indicado.
"Car'e loco" reparte el armamento, escogiendo el su PPK. La Thompson 45 para "Rasputín". Livia se encinta la Lugger de colección, Pancho se llevó su Browning.
A eso de las 8 p.m. Pancho Toro llega con su Volkswagen rojo y lo estaciona en el sitio indicado. Apaga el carro y ajusta el retrovisor. La cara de asombro que se refleja en el espejo es de película. Es cuando se percata que patrullas de la Digepol custodian una casa a unos cien metros. Afina su vista y ve la bandera de los Estados Unidos. Y dice: "Coño es la casa del embajador Moscoso. Qué cagada. Estas son las vainas de 'Car'e loco' "…Luego de secarse la cara sudorosa dice a sus adentros: "Bueno, a esperar." Mientras espera ve pasar un carro lujoso que entra a una quinta. Es Capriles, el dueño de Las Novedades. "Coño lo que faltaba, ahora viene el Ministro de la Defensa y se mete en la quinta del frente", habla en voz baja y se hunde en el asiento del carro.
Mientras tanto, en la av. Principal de Las Acacias, casi a penumbras, Livia y "Rasputín" colocan el Opel en posición. "Rasputín" le hace una seña a Livia, luego que enciende el petardo que no explota, para que busque a los policías. Ella baja y le señala que no hay nadie. Llega el Mercury, se estaciona y los ocupantes comienzan a gritar y disparar al aire: "Viva la revolución cubana", "Viva Fidel". "Rasputín" saca su ametralladora y dispara al ras del techo.
– Carajo el petardo no explota, sigan disparando, ordena "Car'e loco". En ese instante, Livia arranca a correr hacia el Ford Mercury en el momento en que aparece un policía municipal de la penumbra de los lados de la quinta. El policía le dispara a "Rasputín" y Livia se atraviesa en la línea de fuego. Livia cae al suelo y grita: "Me dieron…coño" y "Rasputín" se devuelve, la recoge del piso y la introduce violentamente en el carro donde todos se montan.
– ¿Donde te dieron Livia?, grita desesperado Tejero.
– Llévenme a un médico, me duele esta vaina, atinaba a decir la combatiente.
– Camarada rápido que Pancho sabe donde llevarla, dice Tejero.
Llegan al sitio donde está Pancho esperando y a quema ropa le dicen: "La cagamos le dieron un tiro a Livia", dice Tejero.
– Coño, cómo va ser…, dice preocupado Pancho, guillo con los digepoles de allá…
Se montan en el carro y van al rumbo al médico. "Rasputín" Comenta: "camaradas, Livia se desmayó", no se había dado cuenta que estaba muerta. Tejero se queda varias cuadras abajo.
Apenas llegan, Pancho, "Car'e loco" y "Rasputín" con el cuerpo de Livia, una especie de procesión por los Santos en su día los espera allá en El Valle. Todo el mundo ve bajar a Pancho cargando a Livia e identifican al que será famoso con el nombre de "El hombre del Volkswagen rojo".
Llevada al médico, no había nada que hacer. La bala perfora un pulmón. El galeno dice tajantemente a los jóvenes: "llévensela". Había que preservar esa "clínica" perteneciente al aparato armado del PCV. Eran aproximadamente las 9:30 de la noche. Los camaradas debían reportarse a las 11 con uno de los responsables de la operación, Antonio José Urbina, "Caraquita", en un lugar cerca de la Plaza Madariaga, en El Paraíso. Es hora y media de agonía para los combatientes.
Se comunican a las 11 en punto con "Caraquita" y, ante la gravedad del caso, éste les pide media hora más mientras notifica la novedad a sus superiores, supuestamente Guillermo García Ponce. Prosigue la agonía de los combatientes. Luego de pasada la media hora y en otro lugar convenido, "Caraquita" informa que de "arriba" le dicen que dejen el cadáver en una clínica o un hospital. Los jóvenes discuten entre ellos y deciden llevarla a su casa, donde sus padres. Imposible para ellos abandonarla, ella, seguros están, no lo haría con ninguno de ellos. Así deciden desacatar la orden de la dirección del partido y salen rumbo a Sabana del Blanco, en la Pastora.
– Coño, qué bolas tiene esa gente, le dice Pancho a "Car'e Loco", mientras conduce qué sabroso es dar órdenes. A esa camarada la llevo yo a su casa. Sé donde vive y para allá nos vamos…
(…) No es sino hasta la una o dos de la madrugada del jueves 2 de noviembre, día de los "Santos Difuntos", y pasadas unas cuantas horas del tiroteo, cuando los jóvenes, identificados como miembros de la FCU-UCV, llegan en el Volkswagen rojo (el señor Gouverneur no se fijó en el número de la placa por lo tenso y oscuro del ambiente, según informa la prensa) a la casa No. 5, entre Centro y San Benito, sector Sabana del Blanco, La Pastora, hogar de los Gouverneur-Camero, tocan la puerta, abre el padre de Livia y se desarrolla el siguiente diálogo, publicado en los diarios capitalinos ([3]) en voz del señor Gouverneur:
­ – ¿Es usted el padre de la señorita Livia Gouverneur?, habla Pancho.
– Sí, responde el señor Gouverneur, ¿Qué sucede?..
– Su hija es una heroína que murió por la libertad y… no ha terminado la frase cuando el escándalo que se arma no deja terminar su discurso y Pancho, entre los nervios y los gritos de los familiares, pide auxilio a los camaradas. Relata el señor Gouverneur: "Dos jóvenes de unos 20 años de edad, me dijeron que en el carro, un Volkswagen rojo, estaba mi hija y que me la enviaba la Federación de Centros de la UCV".
– Entre los dos jóvenes que me dieron la noticia – comenta el padre de Livia – un tercero que no pude distinguir permanecía al volante del carro en marcha y yo, procedimos a bajar a mi hija, ya muerta…
Súbitamente, los jóvenes entran a la vivienda cargando el cadáver de Livia y lo colocan sobre una cama, en la primera habitación que encuentran, la del medio. La rigidez del cadáver hace imposible enderezarla, casi fracturan sus piernas al acostarla. La madre grita y llora desconsoladamente. La perplejidad es total en la familia, los padres y sus numerosos hermanos no lo pueden creer.
El escándalo despierta al vecindario. Todo el mundo se entera y salen los vecinos a dar apoyo a la familia Gouverneur.
En sus bolsillos, su cédula No. 2.144.638 y su carnet de la Facultad de Humanidades, Escuela de Psicología, UCV, No. 363.
Los jóvenes se alejan del lugar súbitamente. El Volkswagen rojo desaparece en la oscuridad de la noche…


Nota de taima: Para el blog que estoy iniciando cada día, andaba buscando mucho sobre Livia Gouverneur. Gracias, a pesar que no la conocí, sentí -de muy cerca- su grito sin haberla oido, hallé mucho más de lo pensado...Manuel Boffil Bello
27 de agosto de 2009 12:44